Adoquines para el Guadiana

En el espacio común que incluye Extremadura y Alentejo, atravesado por un río que durante siglos separó y conectó comunidades al mismo tiempo, el histórico Puente de Ajuda vuelve a aparecer convertido en un tablero de juego. Sobre sus ruinas sobrevuelan nuevas especies migratorias: centros de datos, minas de litio, fábricas de baterías, hidrógeno verde, plantas solares o tecnologías digitales. Los visitantes pueden acercarse a ellas, comprar o vender simbólicamente sus “acciones” y con ello alterar el comportamiento del territorio.

Cada decisión añade o elimina adoquines que reconstruyen el puente: algunos transportan “agua”, otros “trabajos”, “participación ciudadana” o “beneficios fiscales para la comunidad”; otros son más pesados, más ambiguos o más difíciles de sostener. Poco a poco aparece una nueva construcción inesperada: un puente hecho de acuerdos, tensiones, contradicciones y deseos compartidos.

ENTRAR A JUGAR

Adoquines para el Guadiana es una instalación interactiva en forma de juego tridimensional que propone al visitante intervenir activamente en la construcción simbólica de un territorio compartido entre Extremadura y Alentejo.

A través de una interfaz gráfica hiper-simplificada, el usuario accede a un espacio tridimensional donde aparece el histórico Puente de Ajuda en su estado actual: fragmentado, interrumpido y suspendido entre ambos lados del río. Sobre las ruinas del puente sobrevuelan una serie de pájaros que funcionan como nuevas especies migratorias asociadas a distintos sectores estratégicos que actualmente operan o prevén implantarse en el territorio: centros de datos, minería de litio, producción de hidrógeno, plantas solares, fabricación de baterías, compañías tecnológicas o industrias vinculadas a la
inteligencia artificial.

Cada pájaro representa una compañía concreta o una categoría empresarial. Al interactuar con ellos, el visitante accede a una interfaz donde puede comprar o vender simbólicamente acciones de estas empresas.

Cada multinacional incorpora o sustrae (BUY/SELL) un número de adoquines indicando el consumo de agua, impacto ecológico, participación ciudadana, retorno territorial, beneficios para la comunidad local, garantías de seguimiento de sus compromisos o evolución de sus valores financieros construidas a partir de datos públicos y documentación disponible online.

Cada decisión tomada por el jugador (BUY/SELL) genera una consecuencia visible sobre el puente. Los distintos valores asociados a las empresas producen la aparición o desaparición de adoquines con cualidades sociales, ecológicas y económicas diferenciadas.

El visitante comienza aparentemente reconstruyendo un puente; sin embargo, progresivamente descubre que lo que está construyendo no es únicamente una infraestructura, sino un territorio completo y una forma concreta de imaginar futuros posibles.

El resultado nunca es estable ni definitivo. El puente puede crecer, fragmentarse, equilibrarse o adoptar formas inesperadas como consecuencia de decisiones de los jugadores.

Conceptos y averiguaciones

Adoquines para el Guadiana surge a partir de una investigación sobre las transformaciones contemporáneas que están teniendo lugar en el territorio fronterizo compartido entre Extremadura y Alentejo, en el marco de una reflexión sobre la evolución de las narrativas de la Raya dentro del proyecto europeo de una supuesta “Europa sin fronteras”. Lejos de entender la frontera como una línea fija o un límite administrativo, el proyecto la aborda como un espacio complejo donde memorias, infraestructuras, conflictos, imaginarios y modos de vida se superponen constantemente.

La investigación realizada pone de manifiesto la coexistencia de dos niveles aparentemente distintos que operan simultáneamente sobre un mismo espacio.

Por una parte aparece una realidad físicavinculada a la vida cotidiana del entorno rural: agricultura, despoblación, envejecimiento de la población, dinámicas económicas locales y una narrativa histórica asociada a Olivenza como territorio defensivo y fronterizo, construido a partir de tratados, conflictos, reyes, fortalezas y disputas de soberanía entre Portugal y España.

Sin embargo, bajo esta capa visible emerge una segunda realidad abstracta: procesos geopolíticos, energéticos y económicos asociados a centros de datos, minería de litio, hidrógeno verde, grandes infraestructuras energéticas y tecnologías digitales que comienzan a reorganizar silenciosamente el territorio.

Estas infraestructuras forman parte a su vez de entramados financieros transnacionales vinculados a mercados bursátiles, índices tecnológicos y redes globales de inversión donde el valor económico fluctúa constantemente. Mientras el paisaje rural parece responder a otras temporalidades —estaciones, cosechas o generaciones— estas dinámicas operan bajo ritmos acelerados capaces de transformar recursos, paisajes y formas de vida en tiempos casi instantáneos.

La cuestión dejó entonces de ser cómo conectar dos países o dos lados de una frontera. El proyecto comenzó a entender que la verdadera distancia no se producía necesariamente entre Portugal y España, sino entre diferentes escalas de realidad que coexisten y operan simultáneamente sobre un mismo espacio.

La propia historia de Olivenza demuestra además que el territorio nunca ha sido una estructura cerrada. Junto a las narrativas oficiales de defensa y soberanía han existido históricamente otros movimientos menos visibles: comerciantes, contrabandistas, migrantes, viajeros, artistas e intercambios culturales que utilizaron la frontera no únicamente como separación, sino también como un espacio de intercambio y negociación.

El proyecto dialoga con aproximaciones contemporáneas como Border as Method de Sandro Mezzadra y Brett Neilson, entendiendo la frontera no como un límite fijo sino como un dispositivo activo capaz de producir relaciones sociales, formas de circulación, inclusión y exclusión.

El eje del río Guadiana y el entorno del Puente de Ajuda permiten leer también una genealogía de tecnologías de control asociadas a la visibilidad. Las fortalezas, atalayas y torres que dominaban históricamente el paisaje funcionaban como dispositivos para observar, anticipar y controlar movimientos sobre el territorio. Estas arquitecturas encuentran ecos inesperados en formas contemporáneas de vigilancia digital, captura de datos y tecnologías de monitorización que configuran nuevas lógicas de control menos visibles, pero igualmente capaces de reorganizar la vida cotidiana.

El proyecto se interesa especialmente por prácticas artísticas entendidas como estrategias de producción de experiencias y conocimientos contrahegemónicos capaces de observar, dialogar y tensar los relatos dominantes que históricamente han definido tanto los territorios rurales como los fronterizos.

La instalación propone un punto de encuentro entre estas capas visibles e invisibles. Tomando el histórico Puente de Ajuda como punto de partida, la obra utiliza el puente como una metáfora de conexión y negociación, desplazando la pregunta hacia quienes realmente habitan este espacio compartido:

¿Qué tipo de puente queremos construir?

La obra expande la construcción del puente más allá de identidades nacionales o divisiones administrativas. Si el ideal europeo propone una realidad sin fronteras, el proyecto desplaza la preguntahacia quienes realmente habitan este espacio compartido: las personas que viven, atraviesan y construyen diariamente el territorio común.

El puente deja de entenderse como una infraestructura rota que necesita ser reparada para convertirse en un organismo colectivo en permanente transformación; un organismo construido mediante acuerdos, conflictos, intereses, deseos y relatos compartidos.

Adoquines para el Guadiana funciona como un dispositivo especulativo y relacional que permite ensayar formas alternativas de imaginar y negociar el territorio que habitamos.

La pieza, presentada como un juego interactivo tridimensional, no pretende representar estas transformaciones de forma documental, sino generar una situación donde puedan ser experimentadas, negociadas y puestas en tensión desde la participación directa.

NSA es un proyecto artístico colectivo iniciado en 2014 por Maite Cajaraville (España) y Gisle Frøysland (Noruega). Su estreno mundial tuvo lugar en el festival Digital_IA (Polonia). Desde entonces, han expuesto juntos e individualmente en numerosos festivales y galerías.

Maite Cajaraville es una artista extremeña, multidisciplinar especializada en arte electrónico, performance audiovisual e instalación. Ha presentado sus obras en el Centro Pompidou (Málaga), Cáceres Abierto, Matadero Madrid, African Photography Initiatives (Camerún), Pikslaverk (Islandia), Digital_IA (Polonia), RIXC (Riga), CentroCentro (Madrid), Arte Alameda (Ciudad de México) y el Museo Reina Sofía, entre otros.

🔗 https://maitecajaraville.org

Gisle Frøysland (220hex), afincado en Bergen (Noruega), es desde hace más de dos décadas una de las figuras clave de la escena de arte electrónico de su país. Desde los años 80 trabaja como músico, VJ y artista visual. Es miembro fundador del BEK (Centro de Arte Electrónico de Bergen) y fundador/director del Festival Piksel de arte electrónico y tecnologías libres, que celebró su 20.º aniversario en 2022.

🔗 https://220hex.org