“Pero si me echo al agua sin tener miedo, bien que mal me sostendré en el agua, debatiéndome
contra ella y, poco a poco, me adaptaré a este nuevo medio, aprenderé a nadar” (Henri Bergson).

La instalación que propone Maite Cajaraville (1967, Llerena, Badajoz) muestra como pieza fundamental, una proyección múltiple en una sala cerrada. Nos presenta la imagen de una nadadora de élite que realiza un sinuoso ejercicio acrobático que se modifica por pequeños errores impercetibles hasta un inesperado desenlace.

The swimmer, a visual installation by Maite Cajaraville from Maite Cajaraville on Vimeo.

Maite Cajaraville compone en La nadadora una alegoría social, nombrando, de forma cifrada, la competitividad, la alienación y la fragmentación del individuo que acarrea, final y dramáticamente, el desorden mental o incluso la muerte.* Una secuencia empleada como alegoría de las relaciones de poder, sus estructuras y mecanismos invisibles que nos seducen y persuaden, condicionando nuestras aspiraciones y anhelos personales. Maite Cajaraville se interesa por los estados internos que atraviesa el individuo y la nadadora es nuestra guía dentro de estos estados.